Quienes hacemos algún deporte sabemos que en una competencia no sólo entra en juego lo físico, sino (y sobre todo) el espíritu y la pasión. Esta historia resume exactamente de qué se trata el deporte: empuje, garra, ganas, y sobre todo, amor.

Valeria y Ezequiel son la representación perfecta de todos esos sentimientos. Vale y Eze no son dos. Son uno, pero valen por mil.

Seguramente los viste en alguna competencia. Eze va feliz en su carrito, y Vale empujando, con toda su fuerza, su energía, pero sobre todo: con todo su corazón.

Valeria tiene 30 años. Es psicopedagoga y acompañante terapéutica. Nacida en Arrecifes, pero desde hace muchos años vive en Salto.

A fines de 2010 llegó a su vida Ezequiel, cuando ella recién se recibía. Un servicio local estaba buscando alguien que cuidase a un nene con parálisis cerebral, retraso madurativo severo e hidrocefalia, que desde los 6 meses vivía en un Hogar de Niños. Así empezó todo: ella iba a verlo y lo ayudaba, llevándolo a centros de salud, a estimulación tempana, trayéndolo a hospitales en Buenos Aires.

El amor y la conexión fue creciendo hasta que ella se dio cuenta que hacía más de lo que su trabajo requería: para Navidad lo llevaba a la casa de sus padres, trasladaba sus cosas a su casa… y así, con el paso del tiempo, Vale tomó una decisión que cambiaría la vida de ambos. Renunció a su trabajo y pidió la guarda para darle una mejor calidad de vida. Primero fue una guarda provisoria (proceso que duró 3 años) y ahora es la guarda con fines de adopción.

Vale siempre pensaba en actividades para estimular a Eze y hacerlo feliz. A través de las redes sociales conoció a Ignacio Muñoz, que es el creador de las bicis inclusivas en Ecuador. Con la ayuda de Ignacio, Vale creó su primera bici. La primera vez que lo sacó a andar a Eze, a el la encantó la experiencia (hasta se enojaba cuando paraban en los semáforos). Y de ahí, no se detuvieron más… Hasta que Vale probó participando en competencias.

Ella cuenta que Ezequiel disfruta mucho de participar en carreras, el contacto con la gente y sobre todo, la alegría de sentir el viento pegándole en la cara. “Ver que de algo tan sencillo el pueda tener tanta felicidad” justifica todos los esfuerzos que Vale hace día a día. Participaron en muchísimas carreras de running, y ciclismo. Hasta incluso participaron de una carrera en la nieve. En septiembre del año pasado cumpliron su sueño participando en Copahue Extremo, que necesitó de adaptar la silla de Eze.

Y la alegría y el disfrute de Eze los lleva a ir por más: ahora quieren también participar en acuatlones y triatlones. Una ortopedia de La Plata ya les armó un soporte para que Eze vaya seguro en un kayak.

Así se prepara Eze para su debut en el agua

 

Pero Valeria necesita voluntarios. Gente que nade y quiera ayudar a Eze a vivir la experiencia de disfrutar del agua, y siempre son bienvenidos atletas que quieran empujar el carrito, o pedalear llevándolo. Además, necesitan indumentaria para que Eze pueda vivir esta experiencia en el agua.

Por eso, si querés sumarte y ayudarla a Vale a hacer feliz a Eze, tenés tu oportunidad. Siempre dicen que quien ayuda a un otro es doblemente feliz. Y la sonrisa de Ezequiel vale la pena!

Si querés comunicarte con Vale:

Valeria Gasa en Facebook

Celular: 2474441800

Gerónimo tiene Síndrome de Sotos. Mide 2,05 metros y calza 50. Los médicos le dijeron que más de 15 años no iba a vivir. Hoy tiene 36. Es corredor y sueña con volver a hacer una maratón. Conocé esta historia de lucha y superación que te va a emocionar.

Gerónimo Bidart tiene 36 años y vive en Paraná. “Gero”, como lo llaman, nació en Mar del Plata, con el Síndrome de Sotos. Se trata de una patología que se detecta a los 6 – 7 meses de vida. Físicamente, quien la padece, tiene un sobrecrecimiento y tiene problemas psicomotrices. A Gero le costó mucho estudiar y salir adelante. Hizo tres veces primer grado. Terminó primaria y secundaria sin acompañantes terapéuticos. Hasta se recibió de masajista.

Cuando nació, Gerónimo midió 50 cm. Hoy mide 2,05 metros y calza 50.

Si hay alguien que es sinónimo de esfuerzo, ese es Gero. El es actualmente la persona de mayor edad que tiene este síndrome en el país. Los médicos le habían dado un pronóstico de vida de 15 años.

Cuando el tenía 4 años, físicamente era un chico de 8, pero mentalmente tenía el desarrollo de uno de 2.

De chico estuvo varias veces internado, porque el síndrome que padece provoca asimismo una debilidad del sistema inmunológico y eso hace que facilmente se enfermen quienes lo padecen.

Desde chico tomaba mucha medicación. A los 12 sufrió un ataque que lo dejó al borde de la muerte. Tuvo una neumonía que derivó en una cirugía de pulmón. Estuvo un mes internado y otro mes en cama, sin poderse levantar. ​

A los 20 años volvió a estar internado por una peritonitis. Otra vez estuvo al borde de la muerte. ​Recuerda que, después de la operación, le dijeron que por 6 meses, mínimo, no podía practicar ningún deporte. A los 3 ya estaba jugando un partido de su amado básquet. Desde siempre Gero fue un apasionado del deporte. El básquet y la natación lo ayudaron mucho en su desarrollo, deportes que practicó desde los 6 años.

Gero tuvo el apoyo de psicólogos, kinesiólogos y traumatólogos. Pero la columna vertebral de esta lucha tiene nombre: Alicia, su mamá. Según él la define, es su “baluarte más fundamental”, y luchó mucho para que Gerónimo saliera adelante. Alicia fue su mamá y papá a la vez. Ella recorrió todo el país para buscar los mejores diagnósticos para él, cuando poco se sabía del Síndrome de Sotos.

El papá de Gero tenía problemas con el alcohol, era violento y a sus 4 años los abandonó. Gero no guarda rencor, sino que dice que aprendió de el una gran lección: si algún día es padre, quiere ser todo lo contrario a lo que su papá fue con el.

A los 20 Gerónimo empezó a correr en compañía de una amiga. Hace casi 5 años que se entrena con el grupo de Viviana Paiva y el lo describe como “un lujo”. Gerónimo ya corrió más de 100 carreras (15 media maratones y 5 maratones) y su profesora Viviana lo inspira a seguir.  Admira al “indio” Cortínez, a Marita Peralta y al Colo Mastromarino.

La vida de Gerónimo no fue fácil, no hay dudas. Sufrió bullying y muchas veces lo agredieron por su condición. Gero nunca luchó solo, su mamá siempre estuvo a su lado, poniéndolo el cuerpo a todo.

Gero trabaja y vive solo, desempeñándose como mucha gente que sufre lo mismo que él jamás podría. ​Hoy Gerónimo está decidido a ayudar a quienes tienen este síndrome y a sus familias. Hace 6 años trabaja en un centro de día, en un hogar de chicos con discapacidad. Quiere seguir estudiando para ser masajista deportivo.

El gran objetivo para Gero es volver a los 42 km. Se declara “enamorado” de la distancia.

El deporte, para él, fue un medio para salir adelante. Cuando le dicen que no puede algo, eso a él lo fortalece.

Escucharlo a Gero emociona. A pesar de todo lo que vivió, siempre la luchó. Gerónimo sabe lo que quiere y tiene una fuerza de voluntad envidiable. Se sobrepuso a las limitaciones médicas, a los golpes de la vida, a las enfermedades y a los propios límites de su síndrome. Con sinceridad cuenta su vida, pero lejos de quejarse, focaliza su energía en lo que está por venir. Y en eso piensa. Hoy su objetivo es volver a correr 42 km. Te queda alguna duda de lo que va a lograr?

Si querés contactarte con él podés buscarlo en Facebook.

Andrés Biga

Hay personas que poseen un espíritu inquebrantable, que arde con determinación; un espíritu que no puede ser obstaculizado ni detenido por nada ni nadie. Hay personas que luchan contra la adversidad con voluntad de hierro para abrirse camino hacia sus objetivos. Son personas extremadamente resistentes, resilientes.

 

Andrés es uno de ellos.Andrés Biga

Andrés Biga tiene 38 años, vive en Monte Grande, es controlador aéreo en el Aeropuerto de Ezeiza. Actualmente hace handycling, (para quienes no lo saben, es un deporte paralímpico que se desarrolla a través de una bicicleta adaptada de 3 ruedas la cual puede estar en posición vertical o semireclinada y es impulsada manualmente). Pero, para conocer realmente su historia hay que dividirla en 2 partes.

Desde los 21 hasta los 28 años Andrés fue competidor de alto rendimiento en mountain bike. No fue sólo uno más. Andrés llego a ser campeón y subcampeón en la disciplina y rankeaba en el TOP 20.

Entre otras, tuvo participaciones destacadas en competencias como la de Río Pinto, el Campeonato Bonaerense, el Campeonato Argentino y de Rural Bike.

El ciclismo ocupaba gran parte de su vida lo que lo llevaba a entrenar 6 días a la semana.

Fue durante uno de esos entrenamientos cuando lo chocó un camión al costado de la autopista, dejándolo así en silla de ruedas.

Le tomó un año recuperarse en la clínica, hasta que finalmente recibió el alta. Como parte de la rehabilitación es que empezó a hacer natación.

Andrés Biga

Andrés, que es un deportista nato, no iba a quedarse sólo con eso. Cuando esa llama por el deporte arde con tanta fuerza y pasión, no hay infortunio que la detenga.

Fue entonces cuando, casi de casualidad, conoció a quien sería su entrenadora en el Servicio Nacional de Rehabilitación (Ramsay 2550, CABA).

La entrenadora de la Selección Nacional de Nadadores en Silla de Ruedas le propuso empezar a entrenar de manera competitiva y fue así como, en 8 meses, logró un lugar ni más ni menos que en el seleccionado argentino de natación con el cual participó en muchas competencias.

El fruto de ese entrenamiento lo llevó a convertirse en multimedallista en los juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Fue ahí también donde se encontró con su primer amor: el ciclismo, esta vez en la modalidad handycling (disciplina que hasta el momento desconocía completamente).

A su regreso al país se puso inmediatamente en campaña para conseguir su primera bicicleta adaptada y empezó a entrenar.

Como dijimos antes, Andrés es un deportista nato, y uno excelso además.

Con el handycling participó en varias copas del mundo y ganó 3 competencias en Estados Unidos. Hace 3 años es campeón argentino en la disciplina y en el año 2015 quedó 5to en el Campeonato Panamericano de Toronto, Canadá.

Actualmente reparte su vida entre su trabajo y el entrenamiento al cual le dedica de 5 a 6 días a la semana y donde llega a tener sesiones de 3 horas.

Hoy por hoy se encuentra compitiendo en el Campeonato Argentino de Handcycling y con todas las miras puestas en las Olimpíadas de Tokyo 2020.

Andrés Biga

Roberto Díaz siempre trató de hacer deporte, pero con los estudios, esa idea fue quedando algo postergada. A los 40 años, a Roberto le detectaron hipotiroidismo, y unos años después, resistencia a la insulina. En ese tiempo, y sin darse cuenta, Roberto aumentó 47 kilos. Le costó mucho asumirlo: la imagen que le daba el espejo siempre parecía ser la misma, pero la ropa no decía lo mismo.

Al salir a caminar, Roberto empezó a quedarse sin aire. Hacer las 4 cuadras que lo separaban del supermercado parecían una eternidad, y subir al colectivo era un suplicio.

Su mejor amigo, un hermano de la vida, lo incentivó a anotarse en la Maratón del Rotary de Banfield. Roberto dudó, pero terminó aceptando. Hizo el recorrido de 3 km caminando. Se le hicieron eternos. Eso fue en el 2013. Y fue el primer paso de un camino que lo llevó a hacer seis veces esa competencia. Las siguientes fueron corriendo.

Roberto empezó a caminar a diario, aumentando progresivamente las distancias. Al año ya trotaba 6 meses después corrió una carrera completa. Y así fue que Roberto empezó a completar distancias: este año debutó en la Media Maratón de Buenos Aires y también hizo los 30 km de New Balance. Ahora, va por la distancia madre: los 42 km 195 metros de la Maratón.

Hablar con Roberto inspira. Cuenta que corre por su salud y también en homenaje a sus viejos, que siempre quisieron verlo bien y feliz. Su esposa, Marta, es su fiel compañera que lo espera en cada carrera. Roberto es una persona conocida y muy querida dentro del mundo del running. Su historia es un ejemplo de que “el que quiere, puede”.

Roberto sueña con hacer los 42 km en el mundo, participar de las famosas Majors. Y además quiere terminar de escribir su libro, y con el poder motivar a más personas.

Un dato no menor es que Roberto busca alguna marca que quiera darle una mano. Calza 47 y se le complica mucho conseguir calzado. Así que, si alguno puede ayudarlo, ya saben.

Roberto, un ejemplo de esfuerzo y superación que no se detiene.

Rubén Sosa

Rubén tiene 55 años. Trabajó 32 años en un colegio privado en Saavedra, el barrio donde vive. Hace 8 años, y en un minuto, perdió la vista en su lugar de trabajo. Durante un año sólo se levantaba de la cama para hacer sus necesidades básicas, muy depresivo y llorando por lo que le había pasado y por el drama de no ver más.

Pero Rubén decidió darle un giro a su vida y con mucha voluntad decidió cambiar su realidad. Hace 4 años empezó a abocarse a distintas actividades: va a un instituto donde trabaja en cerámica, baila tango y escribe poemas. Lo que más extrañaba de su vida “anterior” antes del accidente, era correr. Hoy, Rubén está corriendo con la ayuda de chicos y chicas guías que solidariamente lo ayudan a entrenar.

Rubén Sosa

Este año Rubén logró el primer puesto en los 10 km de Unicef y se subió al podio en otras carreras, entre ellas, el 1° puesto en categoría disminuido visual en la Media Maratón de Buenos Aires. Rubén se emociona al recordarlo: “fue increíble”. Y va por más: quiere ir por los 30 km e ir por los 42 km en 2019.

Hoy Rubén entrena (vive a 10 cuadras del Parque Sarmiento) los lunes y miércoles. Hasta hace un mes lo hacía tres veces por semana, incluyendo los sábados. Pero hoy Rubén no tiene guías para los fines de semana; por eso, necesita de alguien que quiera acompañarlo en este objetivo de la maratón.

¿Te animás a guiar a Rubén en este camino rumbo a la maratón y consagrarte junto a él en los emotivos 42 km? Si tenés ganas de conocer a Rubén y correr con el podés ubicarlo en el 15-6663-8410.

 

Gisela Astrólogo y su angel guardian

Todo comenzó en el 2012… Salía sola a dar vueltas, un poco caminaba, otro poco trotaba… me daba vergüenza que me vieran, pero igual lo hacía.

Jamás hubiese imaginado que iba a poder correr. En la secundaria era un queso; la profe me retaba porque la vuelta a la manzana la hacía caminando… sinceramente odiaba correr!
Un domingo del año 2013 fui a visitar a una amiga que vivía en Rosario. Ella ya venía haciendo carreras, y yo contenta le conté que había podido dar 6 vueltas completas a la manzana sin parar. Ella feliz me dijo: “¡qué bueno! Ahora se viene la de Adidas, integrativa de 5 km. ¿Vamos a hacerla?”. Yo, horrorizada le respondí: “¿Estás loca? ¿Qué voy a hacer yo metida ahí, donde todos son re profesionales?”. Finalmente, mucho no me resistí: a los pocos días me anoté y fuimos juntas a retirar el kit. Fue ahí donde ella me contaba de los entrenamientos, de cómo era el ambiente del running.

A los días de la carrera, ella se dobla el pie y me dice que no la va a correr. Imaginen mi miedo de tener que presentarme sola!…Pero me animé y ¡fui! Y así pasaron mis primeros 5 km en un día soleado.

Al mes se corría en Rosario la Maratón, la cual tenía una integrativa de 8 km. Esa sí pude hacerla con mi amiga.
Y así fue como poco a poco comencé a correr, conocer muchos lugares, hacerme de un lindo grupo de entrenameniento y conocer al que hoy en día sigue siendo mi entrenador, “Cuchulino” (mi líder como yo le digo).

Gisela AstrólogoMi amiga deja de correr, pero ella feliz me seguía en cada paso que daba y me felicitaba por mis logros.
Cada posteo que hacía se lo dedicaba a ella, porque si ese domingo esperando el colectivo juntas no me hubiese invitado hacer mi primer carrera, creo que jamás hubiese empezado.

Por desgracia, ella enfermó y murió; justo el día antes de los 42 de Buenos Aires se cumplió el año de su fallecimiento. No hay día que no la recuerde, no hay carrera que no venga a mi lado: yo se que ella siempre está y va conmigo de la mano. Cada km que hago le voy hablando, le pido que no me suelte, que no me deje sola, porque llegué a donde llegué gracias a ella.

Ella tiene una familia hermosa a la cual quiero: Una mamá linda la cual se preocupa por saber si corrí, si estuvo todo bien; porque como ya dije, ella viene a mi lado siempre. Así fue la frase que su mami me dijo: “ahora Gi ella va a ser tu ángel en cada carrera”…y así lo es! Ella es mi dulce ángel… al cual extraño mucho mucho..

Muchas gracias por permitirnos contar nuestra historia..ojalá a más de una persona le cambie la vida como a mi me la cambió, porque sólo los que vivimos esto sabemos que el correr te hace ¡feliz! ¡Muy feliz!.

Gisela Astrólogo de Villa Constitución, Santa Fe