Diego siempre tuvo problemas con su peso. Llegó a pesar 146 kilos. Pero un día tomó la decisión de cambiar su vida. Hoy es triatleta y sueña con ser maratonista. La historia de un soñador que, día a día, se supera.


Diego Salao tiene 47 años y vive en Monte Grande. Desde adolescente luchó contra el sobrepeso. Después de cumplir los 30 años, su exceso de peso fue mayor y llegó a tener obesidad mórbida. Su peso máximo fue de 146 kilos y llegó a tomar pastillas para la presión, para controlar el colesterol, para las tiroides y para la insulino resistencia.

A pesar del sobrepeso, Diego siempre se mantuvo activo. Jugaba al fútbol y hace 10 años empezó natación junto a su esposa Laura, incentivado por sus hijos Facundo, de 17 años, y Melina de 14. 
A los 44 años tomó la decisión de operarse. Con el apoyo de su incondicional familia y sus médicos, decidió hacerse la cirugía bariátrica. El 12 de junio de 2017 se operó, tras hacer un tratamiento con asistencia de un cirujano, un médico clínico, un psicólogo y una nutricionista. Para operarse le pidieron que baje un 10% de su peso. Se operó pesando 124 kilos. Le hicieron una manga gástrica, y en un año tuvo un descenso de peso muy abrupto. Diego cuenta «te operás la panza, no la cabeza» para explicar que la cirugía es una herramienta, pero no es la solución definitiva. El resto depende de la voluntad y el esfuerzo de cada uno.

Tras la operación y un cambio rotundo en su vida, llegó a pesar 82 kilos, casi 65 kilos menos de su peso inicial. Hoy se mantiene en ese peso.

Y cuál fue la clave fundamental de ese cambio de vida? Correr. Su cuñada, compañeros de trabajo, y varios amigos ya corrían. Al momento de hablar del apoyo incondicional que recibió, Diego siempre nombra a su familia y a Andrés Ghibaudi, su profesor de natación, «que siempre me apoyó y siempre creyó en mi. Cuando íbamos a nadar al mar o al río, jamás me dejó abandonar y siempre me alentaba».

En diciembre de 2018, arrancó a trotar gradualmente acompañado por su mujer Laura, sus hijos, su hermana Diana, su cuñado Silvio y su sobrino Maxi: «Somos un gran equipo que nos apoyamos y apuntalamos». Toda su familia lo acompaña en entrenamientos y competencias. Ya corrieron carreras de running, duatlones y hasta triatlones. Porque al running se sumó el ciclismo, «siempre buscando en el deporte afianzar el peso perdido». 

«Yo bajé de peso, pero siempre voy a ser un obeso, eso no cambia. Tengo que cuidarme mucho en las comidas, y practicar deportes para mantenerme en este peso. Hago el esfuerzo todos los días. Es una forma de vida».

Diego y su familia ya corrieron carreras de 5, 8, 10 y hasta 15 km. También hicieron un triatlón sprint en San Miguel del Monte (750 metros nadando, 20 km en bicicleta y 5 km corriendo). El objetivo es mejorar sus tiempos. Ahora Diego sueña con correr 21 y hasta 42 km. Pero su sueño mayor es hacer el Ironman 70.3 de Bariloche. 

«Siempre hay que ponerse metas, para seguir adelante. Hay que disfrutarlo. El obeso es adicto a la comida y siempre tiene millones de excusas, pero hay que seguir».

Diego agradece el apoyo de familiares, amigos y compañeros. Sus tres amores fueron fundamentales en esta historia. Hoy a Diego pueden cruzarlo por las calles corriendo o pedaleando, soñando siempre y construyendo el camino para hacer esos sueños realidad.



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