¿Un par de zapatillas sucias son el reflejo de un corredor que enfrentó y conquistó a los elementos de la naturaleza, que corrió bajo la lluvia, sobre el barro u otro terreno difícil o simplemente son testimonio de un corredor descuidado de su calzado?

Sea cual sea el caso, en algún momento hay que limpiarlas y te contamos cual es la manera correcta de hacerlo.

Una primera consideración: salvo algunos modelos para trekking de montaña, donde la confección del calzado requiere de materiales impermeables y rígidos, el resto de los calzados de running utilizan en su manufactura telas que son cada vez más livianas y delicadas que garantizan la respiración. De estas segundas vamos a ocuparnos en esta nota ya que las primeras no requieren de mayor cuidado y bastaría de una tela húmeda para su limpieza exterior.

Primero tenemos que saber que la suciedad de nuestras zapatillas procede de básicamente de 2 focos:

  1. Toda aquella suciedad propia del roce del calzado con el terreno: la tierra, el pasto, las hojas, contacto con la superficie mojada o húmeda etc.
  2. Nosotros mismos: el sudor de los pies y demás secreciones corporales.

Segundo a saber: el cuidado de nuestro calzado prolonga su vida útil. El cuidado del mismo nos asegura que cada parte mantenga y siga cumpliendo sus funciones, la humedad y suciedad pueden dañar la goma, telas y las costuras, sobre todo.

Además, un calzado sucio puede ser foco para la proliferación de microorganismos, el mal olor es en gran parte causado por estos y por el sudor.

Agua, jabón y cepillo.

Es el método más práctico. Dependiendo de la delicadeza de la tela vamos a utilizar uno con cerdas más o menos duras; un cepillo de dientes nos puede ayudar en el interior y para lograr un acabado más detallado.

Sacar antes los cordones y la plantilla para lavarlos por separados. Retirar los cordones además nos permite tener mejor acceso a la lengüeta y poder cepillar mejor esa parte.

Los cordones los podemos lavar a mano con agua y jabón y las plantillas hay que cepillarlas bien, si bien no tienen contacto con la suciedad exterior; ahí se deposita todo el sudor de los pies.

Directo al Lavarropas.

Es un método más agresivo para el calzado, de hecho, hay modelos que específicamente aclaran que no pueden ser lavados de esta manera, si tenés dudas al respecto prestá atención a las indicaciones en las etiquetas del mismo.

Los cordones y plantillas retirarlos y lavarlos por separado, las agujetas pueden perderse o introducirse por los agujeros del cilindro y causar daños en el aparato.

A mano.

Si el calzado es muy delicado, este es el mejor método.

Poner en remojo para aflojar la suciedad, no por mucho tiempo. Dejar las zapatillas largo rato en agua puede causar que estas se despeguen. Frotar suavemente con las manos la tela que es la zona más vulnerable; para la suela se puede usar un cepillo suave.

Lavar a mano es menos efectivo que con cepillo, pero a la vez es menos agresivo. Si este método es el que más resulta para tu tipo de calzado, realizar el lavado en intervalos más cortos para evitar que la suciedad se pegue demasiado.



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