No nos referimos a esos corredores que, en su afán por acortar tiempos, acortan distancias… No, nos referimos a aquellos objetos que son de uso cotidiano en los entrenamientos y que pueden llegar a ser tentación para los ladrones.

Hace rato que los argentinos sabemos que la inseguridad no es solo una sensación, es más, hoy por hoy, ser víctima de un hecho de inseguridad está más latente que nunca.

Si acaso ya no lo hubiésemos vivido en carne propia, de seguro conocemos a alguien que sí lo ha padecido.

Te contamos porque los corredores no escapamos a esa suerte, sino que también te contamos por qué somos víctimas potenciales.

Primero hay que entender que un corredor amateur tiene que hacerse del tiempo para entrenar como puede: cada uno tiene sus horarios y dependiendo de ellos algunos suelen salir temprano por la mañana, antes de ir al trabajo, o arrancar con las responsabilidades diarias y otros por la tarde noche, al regresar de los mismos.

Sea cual sea el caso, mayormente, saldrá a correr en horarios de poca luz, solar cuando menos, y de poco movimiento de personas.

Hay que mencionar, que incluso a las 7:00AM en época de invierno todavía suele ser de noche, lo mismo a las 18:00 y que es en esta época donde los entrenamientos se hacen más frecuentes coincidentes con el calendario de carrera.

Dado que cada uno tiene sus propios horarios, y sumado a que no todos tenemos los mismos ritmos, combinar con algún otro corredor o amigo para salir a entrenar se hace difícil. Lo que no nos deja más remedio que salir a entrenar, además de en horarios marginales, solos.

Aquellos corredores que no tenemos la suerte de tener una pista de atletismo o algún parque cercano a nuestros hogares, no nos queda otra alternativa que salir a correr por las mismas calles de nuestro barrio.

En resumen: Un corredor es un sujeto que anda sólo, casi siempre a oscuras, dando vueltas, yendo y viniendo por las mismas calles del barrio, vestido con colores estridentes.

Ahora ante la pregunta ¿qué se le puede robar a un corredor?

El reloj y las zapatillas, punto.

Y si acaso al delincuente también se le antojase: la vida.

Humildemente dejamos unos consejos que dictan el sentido común y la experiencia que de todos modos no garantizan que no nos pase, o si fuese el caso, vuelva a pasar.

  • Salir en grupo: ya dejamos establecido por qué esto es difícil pero, aun así, no perder la esperanza, charlar con uno o con otro, utilizar las redes sociales para esto es una buena idea. Combinar cuando menos un día va significar que por lo menos ese día las chances de ser atacado solo van a ser reducidas.
  • Tratar de encontrar un tiempito durante el día: para quienes no tengan remedio y tienen la posibilidad de elegir entre la mañana temprano y la noche es preferible durante la mañana ya que hay más movimiento: padres llevando los chicos al colegio o mismo la gente que sale a trabajar.
  • Localizar una plaza o parque iluminado: Genial sería una pista de atletismo. Para los que no tenemos una cerca, nos quedará tratar de localizar una plaza que esté bien iluminada, de lo posible céntrica y con abundante tránsito de gente.

Como verán, ninguno de estos puntos va a garantizar nuestra seguridad, pero se trata de reducir los riesgos al mínimo.

Lo ideal sería poder salir a entrenar en cualquier horario y en las cercanías de nuestro hogar y que las pulsaciones suban por la intensidad del entrenamiento, no por otras circunstancias. Pero no vivimos en un mundo ideal, vivimos en uno real.



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