zapatillas

En una oportunidad me tocó ver al cruzar la meta en una carrera (no recuerdo cuál ni viene al caso) a dos muchachos con un cuaderno tomando nota.

El primero, con la vista fija en los pies de los corredores, le cantaba al segundo las marcas de las zapatillas que usaban cada uno.

Apuesto a que las empresas deben hacer miles de estudios como este y como otros, lo que me llevó a preguntarme: ¿Por qué es que el “monopolio” está en esas mismas 2 o 3 marcas de siempre?

¿Serán realmente las mejores?, ¿Será el resultado de años y años de publicidades que terminaron “lavándonos” el cerebro?

Para encontrar la respuesta hay que remontarse a cuando todavía no corríamos y decidimos empezar a hacerlo. Todos pasamos por ese momento; algunos movidos por una razón, otros por otra. Lo cierto es que un día dejamos la comodidad del sillón y dijimos: “Basta, tengo que hacer algo” y ese algo fue salir a correr.

Acto seguido, nos pusimos las zapatillas y salimos. Y ¿qué zapatillas nos pusimos? Ni más ni menos que las que teníamos. Y si teníamos varias, las que más se ajustara para hacer la actividad.
A medida que fue pasando el tiempo fuimos, en menor o mayor medida evolucionando y aprendiendo distintas cosas que quizás antes simplemente desconocíamos y que ahora nos parecen triviales: como que hay distintos modelos de zapatillas para distintos tipo de deportes e incluso que hay distintos tipos de pie y pisada. Por ello también existen modelos para uno u otro, o incluso dentro de la misma actividad, pero realizada en distintas superficies y terrenos, la confección del calzado también va a tener sus variantes.

Por ello, cuando tuvimos que comprar otro calzado que reemplazara al anterior, el condicionamiento de la estética quedó relegado a segundo plano. El espectro quedaba reducido a, por ejemplo: todos aquellos modelos para pisada pronadora que a su vez tuviesen buena amortiguación en la suela por mi peso, y que además sirvan para correr en calle. Y este momento podía ser crucial porque podía ser el caso que la marca de zapatillas que solíamos usar no se especialice en esa área y tuviésemos que mudarnos de marca. O que, en efecto, si se especializara, lo cual afianzaría aún más nuestro lazo con ella.

Así que, sin más, sea por viejo conocido o por costumbre, compramos nuestro primer par de zapatillas pensado para la actividad. En caso de que dicho modelo nos resulte, reincidiremos; caso contrario: no, y optaremos por otra marca.

Una vez establecida la relación con la marca es muy difícil que el corredor la cambie. Es que los modelos de zapatillas hoy día cuestan muy caros como para andar experimentando otros modelos.

Por otro lado, una cosa bien sabida es que no alcanza con probárselas en la casa de deportes, dar unos pasos en círculo o ver cómo se sienten. Para saber si un par de zapatillas van a ser adecuadas para nosotros hay que salir a correr con ellas. Incluso probarlas unos minutos en las cintas para correr que hay en las grandes tiendas no es suficiente; hace falta más que eso, hace falta un medio fondo y en el terreno en el que vayamos utilizarla.

Es por eso que el corredor “se casa” con una marca: el costo de probar otro modelo es muy alto, y nos arriesgamos a que no nos resulten tanto como ese modelo al que ya estamos acostumbrados.
Para un corredor, invertir en un par de zapatillas que no nos resulte cómo es tirar la plata.



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