Entradas

Gerónimo tiene Síndrome de Sotos. Mide 2,05 metros y calza 50. Los médicos le dijeron que más de 15 años no iba a vivir. Hoy tiene 36. Es corredor y sueña con volver a hacer una maratón. Conocé esta historia de lucha y superación que te va a emocionar.

Gerónimo Bidart tiene 36 años y vive en Paraná. “Gero”, como lo llaman, nació en Mar del Plata, con el Síndrome de Sotos. Se trata de una patología que se detecta a los 6 – 7 meses de vida. Físicamente, quien la padece, tiene un sobrecrecimiento y tiene problemas psicomotrices. A Gero le costó mucho estudiar y salir adelante. Hizo tres veces primer grado. Terminó primaria y secundaria sin acompañantes terapéuticos. Hasta se recibió de masajista.

Cuando nació, Gerónimo midió 50 cm. Hoy mide 2,05 metros y calza 50.

Si hay alguien que es sinónimo de esfuerzo, ese es Gero. El es actualmente la persona de mayor edad que tiene este síndrome en el país. Los médicos le habían dado un pronóstico de vida de 15 años.

Cuando el tenía 4 años, físicamente era un chico de 8, pero mentalmente tenía el desarrollo de uno de 2.

De chico estuvo varias veces internado, porque el síndrome que padece provoca asimismo una debilidad del sistema inmunológico y eso hace que facilmente se enfermen quienes lo padecen.

Desde chico tomaba mucha medicación. A los 12 sufrió un ataque que lo dejó al borde de la muerte. Tuvo una neumonía que derivó en una cirugía de pulmón. Estuvo un mes internado y otro mes en cama, sin poderse levantar. ​

A los 20 años volvió a estar internado por una peritonitis. Otra vez estuvo al borde de la muerte. ​Recuerda que, después de la operación, le dijeron que por 6 meses, mínimo, no podía practicar ningún deporte. A los 3 ya estaba jugando un partido de su amado básquet. Desde siempre Gero fue un apasionado del deporte. El básquet y la natación lo ayudaron mucho en su desarrollo, deportes que practicó desde los 6 años.

Gero tuvo el apoyo de psicólogos, kinesiólogos y traumatólogos. Pero la columna vertebral de esta lucha tiene nombre: Alicia, su mamá. Según él la define, es su “baluarte más fundamental”, y luchó mucho para que Gerónimo saliera adelante. Alicia fue su mamá y papá a la vez. Ella recorrió todo el país para buscar los mejores diagnósticos para él, cuando poco se sabía del Síndrome de Sotos.

El papá de Gero tenía problemas con el alcohol, era violento y a sus 4 años los abandonó. Gero no guarda rencor, sino que dice que aprendió de el una gran lección: si algún día es padre, quiere ser todo lo contrario a lo que su papá fue con el.

A los 20 Gerónimo empezó a correr en compañía de una amiga. Hace casi 5 años que se entrena con el grupo de Viviana Paiva y el lo describe como “un lujo”. Gerónimo ya corrió más de 100 carreras (15 media maratones y 5 maratones) y su profesora Viviana lo inspira a seguir.  Admira al “indio” Cortínez, a Marita Peralta y al Colo Mastromarino.

La vida de Gerónimo no fue fácil, no hay dudas. Sufrió bullying y muchas veces lo agredieron por su condición. Gero nunca luchó solo, su mamá siempre estuvo a su lado, poniéndolo el cuerpo a todo.

Gero trabaja y vive solo, desempeñándose como mucha gente que sufre lo mismo que él jamás podría. ​Hoy Gerónimo está decidido a ayudar a quienes tienen este síndrome y a sus familias. Hace 6 años trabaja en un centro de día, en un hogar de chicos con discapacidad. Quiere seguir estudiando para ser masajista deportivo.

El gran objetivo para Gero es volver a los 42 km. Se declara “enamorado” de la distancia.

El deporte, para él, fue un medio para salir adelante. Cuando le dicen que no puede algo, eso a él lo fortalece.

Escucharlo a Gero emociona. A pesar de todo lo que vivió, siempre la luchó. Gerónimo sabe lo que quiere y tiene una fuerza de voluntad envidiable. Se sobrepuso a las limitaciones médicas, a los golpes de la vida, a las enfermedades y a los propios límites de su síndrome. Con sinceridad cuenta su vida, pero lejos de quejarse, focaliza su energía en lo que está por venir. Y en eso piensa. Hoy su objetivo es volver a correr 42 km. Te queda alguna duda de lo que va a lograr?

Si querés contactarte con él podés buscarlo en Facebook.

Roberto Díaz siempre trató de hacer deporte, pero con los estudios, esa idea fue quedando algo postergada. A los 40 años, a Roberto le detectaron hipotiroidismo, y unos años después, resistencia a la insulina. En ese tiempo, y sin darse cuenta, Roberto aumentó 47 kilos. Le costó mucho asumirlo: la imagen que le daba el espejo siempre parecía ser la misma, pero la ropa no decía lo mismo.

Al salir a caminar, Roberto empezó a quedarse sin aire. Hacer las 4 cuadras que lo separaban del supermercado parecían una eternidad, y subir al colectivo era un suplicio.

Su mejor amigo, un hermano de la vida, lo incentivó a anotarse en la Maratón del Rotary de Banfield. Roberto dudó, pero terminó aceptando. Hizo el recorrido de 3 km caminando. Se le hicieron eternos. Eso fue en el 2013. Y fue el primer paso de un camino que lo llevó a hacer seis veces esa competencia. Las siguientes fueron corriendo.

Roberto empezó a caminar a diario, aumentando progresivamente las distancias. Al año ya trotaba 6 meses después corrió una carrera completa. Y así fue que Roberto empezó a completar distancias: este año debutó en la Media Maratón de Buenos Aires y también hizo los 30 km de New Balance. Ahora, va por la distancia madre: los 42 km 195 metros de la Maratón.

Hablar con Roberto inspira. Cuenta que corre por su salud y también en homenaje a sus viejos, que siempre quisieron verlo bien y feliz. Su esposa, Marta, es su fiel compañera que lo espera en cada carrera. Roberto es una persona conocida y muy querida dentro del mundo del running. Su historia es un ejemplo de que “el que quiere, puede”.

Roberto sueña con hacer los 42 km en el mundo, participar de las famosas Majors. Y además quiere terminar de escribir su libro, y con el poder motivar a más personas.

Un dato no menor es que Roberto busca alguna marca que quiera darle una mano. Calza 47 y se le complica mucho conseguir calzado. Así que, si alguno puede ayudarlo, ya saben.

Roberto, un ejemplo de esfuerzo y superación que no se detiene.